Lo que la Naturaleza esconde I
Fotos realizadas por Inés del Sol durante dos días calurosos en Albuñol (Granada) y Los Siete Picos (Madrid).
Antes de salir de la calle peatonal vemos un mimo. Va vestido como un duende de los cuentos fantásticos, entero de dorado. Le echamos una moneda y comienza a moverse lentamente. Saca de sus bolsillos unos polvitos brillantes, los sopla en nuestra dirección y nos envuelven. Le decimos adiós y, en el último instante, antes de volver a su postura inicial, veo cómo me guiña su pequeño ojo, con el que desde su posición, permanentemente inmóvil observa todo el mundo que siempre gira y nunca para.
Nos sentamos en un banco y me pongo a pensar en todas aquellas personas que hemos visto trabajando y entreteniendo a la gente en la calle. Parecen gente maravillosa, pero en sus ojos se puede ver que lo pasan mal, que cada noche sueñan con una vida distinta, más feliz y fácil. Les gusta que la gente disfrute con sus espectáculos, pero no el tener que trabajar o vivir en la calle. Tienen capacidades que mucha gente no tiene y mucha otra desearía poseer; son artistas, pero no están reconocidos. En la sociedad en la que vivimos es difícil ser diferente a los demás, hacer cosas nuevas. Es mejor que todo el mundo vista igual, con sus trajes y corbatas, incómodos tacones y que todo el mundo tenga su maletín lleno de papeles desordenados. La gente no busca hacer feliz a los demás, se conforma con su propio éxito, se mueve sólo por su interés. En cambio, si abrimos los maletines de toda esta gente que trabaja en la calle, encontraríamos unas pocas monedas, sueños, ilusiones, marionetas, risas, varitas mágicas, música, dibujos, disfraces, esperanza...